La ceremonia de los Oscar 2026, que tendrá lugar este domingo, llega en un momento de alta tensión internacional y política que trasciende el glamour habitual del evento. La escalada bélica en Irán y las reformas migratorias en Estados Unidos marcan el contexto en el que Hollywood se prepara para mostrar su activismo.
En contraste con la reciente gala de los Globos de Oro, más discreta, los Oscar prometen recuperar un tono reivindicativo. Personalidades del cine han adoptado símbolos como el pin «ICE Out» para manifestarse contra las deportaciones masivas y en memoria de la activista Renée Good, víctima de violencia policial. Además, el apoyo a Palestina se ha expresado con pines rojos «Artists4Ceasefire», demandando el cese al fuego y ayuda humanitaria.
La seguridad alrededor del teatro Dolby aumentó tras una alerta del FBI sobre un posible ataque con drones en California, atribuida a Irán, aunque la Casa Blanca desmintió la amenaza oficialmente.
Figuras como Javier Bardem, Wagner Moura y Marc Ruffalo destacan por su crítica abierta. Bardem, por ejemplo, ha pedido en eventos previos sanciones contra Israel por lo que calificó como «genocidio en curso» y un estado de apartheid. Junto a Ruffalo, promovió un manifiesto firmado por más de 1,400 personas contra la colaboración con productoras israelíes vinculadas al conflicto. Moura, nominado este año, ha puesto énfasis en la defensa de los trabajadores migrantes en la industria del entretenimiento.
El debate sobre el equilibrio entre protesta y espectáculo continúa. Connan O’Brien, conductor de la gala, ha optado por evitar el tema durante los preparativos, reflejando la incertidumbre sobre cuánto espacio se dará a las denuncias políticas versus el entretenimiento puro.
Información basada en reportes publicados por El Nacional.

