El gas natural representa una oportunidad vital para el desarrollo económico en Venezuela. Durante 25 años, se han intentado impulsar este sector con la meta de descentralizar la industria y fortalecer otros ámbitos productivos, aumentando así el Producto Interno Bruto (PIB).
Este recurso energético también es clave para generar empleo, proveer energía más económica y limpia, y sustituir líquidos que actualmente se queman en el sector eléctrico. Sin embargo, la crisis económica y la caída operativa de la empresa estatal han provocado un colapso en el suministro de gas natural y gas licuado de petróleo, afectando a industrias, comercios y a la población.
El marco legal actual favorece la participación privada, y se impulsa una reforma para eliminar la discrecionalidad estatal y promover la inversión privada, fusionando la explotación de gas asociado y no asociado sin perjudicar derechos ni avances previos.
Históricamente, la producción de gas en Venezuela ha dependido del petróleo (gas asociado). Aunque en el 2000 se inició la exploración de gas no asociado, los resultados no alcanzaron su potencial por el control estatal persistente. Esto ha llevado a una escasez de un recurso subterráneo abundante.
Se requieren acciones urgentes para aumentar la oferta de gas y garantizar su uso en sectores eléctricos, petroquímicos y productivos, además de mejorar la calidad de vida de los venezolanos. La mala gestión de la industria hidrocarburífera ha causado pérdidas significativas, incluyendo el desperdicio masivo de gas en regiones como Monagas y la Faja del Orinoco.
Venezuela cuenta con un potencial para proveer hasta 3.000 millones de metros cúbicos de gas, pero su desarrollo depende de un Estado con voluntad política para cumplir planes a largo plazo y regular el monopolio natural que representa este sector, junto a una mayor participación privada con capacidad técnica y financiera.
Información basada en reportes publicados por El Nacional.

