En las gélidas aguas del este de Groenlandia, un grupo de buzos logró acceder a un lugar poco común: un cementerio de ballenas minke bajo un espeso hielo marino. A través de un agujero triangular tallado a mano en más de un metro de hielo, el fotógrafo submarino Alex Dawson y su equipo descendieron a una oscuridad profunda donde yacían los restos de unas 20 ballenas.
Este hallazgo es más que una imagen impactante. Cuando las ballenas mueren de forma natural, sus cuerpos se hunden y nutren ecosistemas marinos enteros. Sin embargo, en este caso, los huesos quedaron atrapados en aguas poco profundas bajo el hielo, privando a los ecosistemas de su sustento vital y alterando el equilibrio natural.
El acceso fue arduo: una hora de viaje combinando caminata y moto de nieve, atravesando capas delgadas de hielo con temperaturas de -20 °C y fuertes vientos. El equipo, compuesto por seis buzos con todo el equipo necesario, tuvo que abrir el agujero en el hielo y limpiar la aguanieve para poder sumergirse.
Dawson describe la inmersión como una experiencia intensa. A pocos metros de profundidad, rodeado de huesos bajo una luz azulada, la sensación de estar observado por las criaturas desaparecidas aumentó la tensión. La subida de la marea provocó ruidos que alertaron al equipo del movimiento del hielo, subrayando el peligro del entorno.
La apneísta profesional Anna Von Boetticher acompañó la inmersión, aunque solo pudo permanecer 45 segundos debido al frío extremo con su traje de neopreno delgado.
Este descubrimiento visibiliza la importancia de las ballenas en la salud del océano y cómo su ausencia física en el fondo afecta la formación de ecosistemas.
Información basada en reportes publicados por BBC News Mundo.

