Venezolanos enfrentan hambre tras desaparición de bolsas Clap y salario estancado

14 marzo, 2026

La desaparición casi total de las bolsas Clap, junto al congelamiento del salario mínimo y el aumento constante del precio de los alimentos, ha obligado a millones de venezolanos a buscar nuevas formas para alimentarse. Durante años, estas bolsas de comida subsidiada fueron un pilar en la alimentación de muchas familias, pero hoy su entrega es irregular o inexistente.

Leonides Castro, madre de tres niños en los Valles del Tuy, relata que en su hogar a menudo se van a dormir con hambre. La última bolsa Clap la recibieron hace seis meses. «A mis hijos les encantan las sardinas, y algunos vecinos me las daban cuando no las comían», comenta. Esa proteína les duraba cinco días, y el resto del mes dependía de huevos que compraba con bonos gubernamentales. Ahora, para comprar comida, se endeuda en la bodega y paga cuando puede tras limpiar casas.

Eugenia Fuchs, pensionada de 56 años en Maturín, también recuerda la importancia de las bolsas Clap, que no recibe desde hace 15 meses. Aunque reconocía que no cubrían toda la alimentación, eran un alivio económico y permitían complementar la dieta con proteínas y vegetales.

El programa Clap fue lanzado en 2016 para ofrecer alimentos subvencionados. Inicialmente, distribuía 1.500 toneladas mensuales, cifra que el gobierno dijo haber incrementado hasta 60 mil toneladas para 7,5 millones de familias en todo el país. Sin embargo, con el paso del tiempo, la entrega se volvió irregular y el contenido de las bolsas se redujo, hasta desaparecer en muchas zonas sin anuncio ni explicación.

Vecinos de diferentes estados, como Miranda, Monagas y Zulia, coinciden en que la ausencia de las bolsas ha generado incertidumbre y dificultades para organizar la alimentación familiar. En barrios como Paraíso, en Maracaibo, las entregas se retrasan más de tres meses o no llegan, lo que complica aún más la situación.

Ante esta crisis, las familias hacen malabares para comer: reducen porciones, recurren a crédito en bodegas y buscan trabajos informales para pagar deudas. La pregunta que se repite en las calles es clara: «¿Y ahora, cómo comemos?»

Información basada en reportes publicados por El Pitazo.

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