Cumaná, la capital del estado Sucre, lleva 16 días consecutivos sin agua potable. Esta crisis ha alterado la vida diaria de miles de personas y detenido actividades esenciales en la región.
La falta de agua también afecta a las poblaciones cercanas de Araya y Marigüitar, donde los vecinos enfrentan la misma dificultad. La causa principal es una obstrucción masiva en el túnel de la represa del sistema Turimiquire.
A pesar de que las autoridades nacionales aseguraron inicialmente que el problema estaba solucionado, la realidad obligó a la Gobernación a decretar estado de emergencia en tres municipios.
Los habitantes deben buscar agua en el río Manzanares para bañarse y asearse, mientras esperan largas horas por camiones cisterna enviados por la gobernación o Pdvsa. Además, se han impuesto restricciones estrictas, como la prohibición del lavado de vehículos y el riego de plantas, aunque los ciudadanos consideran que estas medidas no son suficientes para la gravedad de la situación.
El impacto se extiende a la educación y el comercio. Universidades como UGMA, Ucsar y la Politécnica Clodosbaldo Russian suspendieron las clases hasta nuevo aviso. Las escuelas básicas y medias también permanecen cerradas, lo que obliga a los padres a cuidar a sus hijos sin acceso a agua en casa. En el sector comercial, la Cámara de Comercio reporta un alto ausentismo laboral, y los empresarios deben costear cisternas privadas para mantener sus negocios en funcionamiento debido a la falta de suministro estatal.
En la madrugada del jueves, el vicepresidente de Obras Públicas, Jorge Eliéser Márquez, junto a la gobernadora Johanna Carrillo, anunciaron la reactivación de la estación de bombeo Manzanares. Sin embargo, el regreso del agua es desigual: en las zonas bajas se recibe solo un «chorrito», mientras que en las zonas altas la sequía continúa, dejando incertidumbre sobre cuándo se restablecerá completamente el servicio del sistema Turimiquire.
Información basada en reportes publicados por El Nacional. Fuente original

