En Venezuela, el acceso a la información sigue bajo asedio digital. Para los venezolanos, la censura es una realidad que se evidencia cada 12 de marzo, cuando se conmemora el Día Mundial contra la Censura en Internet. En 2026, esta fecha encuentra al país con 949 bloqueos activos que limitan el flujo libre de noticias y contenidos.
El control sobre la información no es un error técnico ni una cuestión del pasado. Es una medida política vigente. El Ejecutivo mantiene presionado el botón de bloqueo, demostrando que, pese a cambios formales en el gobierno, la narrativa oficial sigue siendo un monopolio cerrado.
El monitoreo de VeSinFiltro revela que los bloqueos van más allá de los portales informativos. Redes sociales como TikTok y X enfrentan restricciones, y las VPN, herramientas que permiten sortear la censura, son atacadas sistemáticamente, ahogando las vías de escape digital.
Un símbolo de esta contradicción es la sede del diario El Nacional en Los Cortijos. Tras un embargo judicial, su edificio fue entregado a Diosdado Cabello y ahora funciona como una universidad de comunicación oficialista. Mientras en sus aulas se enseña una comunicación alineada con el gobierno, el sitio web del diario permanece bloqueado para el público venezolano.
Esta paradoja refleja la política de censura: el Estado ocupa físicamente el espacio de un medio independiente para promover su versión oficial, mientras impide que la población acceda a la información libre que el medio produce desde el exilio digital. Más de 60 medios independientes también están bloqueados, dejando claro que la verdad sigue siendo un bien confiscado en esta etapa de transición.
La censura también se extiende a la persecución directa de periodistas. El Sindicato Nacional de Trabajadores de la Prensa (SNTP) reporta que, pese a la Ley de Amnistía aprobada por la Asamblea Nacional, 23 comunicadores permanecen presos y otros 59 enfrentan procesos judiciales. La impunidad judicial y los bloqueos a plataformas como Cantv indican que la política de censura y represión persiste sin señales de cambio.
Para muchos venezolanos, como Carmen desde San Bernardino, intentar ingresar a sitios como El Nacional es enfrentarse a una pantalla en blanco. La antigua sede del periódico, hoy una universidad oficialista, se ha convertido en un símbolo de la libertad de expresión silenciada.
La censura digital en Venezuela en 2026 no solo limita el derecho a la información; es una política de Estado que controla la narrativa y mantiene a la sociedad bajo la sombra del silencio.
Información basada en reportes publicados por El Nacional.

