La guerra en Medio Oriente no solo genera destrucción física, sino que también afecta directamente la economía global. El conflicto, inicialmente previsto para durar pocos días, se extiende y genera un ambiente de incertidumbre y miedo entre la población civil.
Según Kelly Grieco, investigadora del Centro Stimson en Washington, los países del Golfo como Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos, Kuwait y Omán han utilizado entre el 59% y 73% de sus misiles interceptores, suponiendo que compraron la totalidad de lo ofrecido por Estados Unidos.
En contraste, Irán mantiene más del 50% de su reserva de misiles, a pesar de las pérdidas causadas por bombardeos israelíes y estadounidenses. Además, Irán posee una capacidad significativa para lanzar drones producidos en pequeñas fábricas domésticas, cuya cantidad y capacidad no están registradas oficialmente.
Esta capacidad no busca causar grandes daños civiles, sino interrumpir la producción de gas y petróleo y desestabilizar las economías del Golfo, muy vinculadas a los mercados mundiales. Este tipo de disrupción genera más incertidumbre económica que un conflicto armado total, en un momento en que la economía global ya enfrenta riesgos de estancamiento y recesión.
Esta estrategia iraní busca presionar a Estados Unidos para que reduzca su intervención y posiblemente se abra a negociaciones o un cese al fuego, a pesar de las declaraciones oficiales del régimen iraní.
Por otro lado, no se espera un levantamiento popular en Irán contra el gobierno, debido al temor de la población a morir bajo los bombardeos, similar a la reacción de los venezolanos ante la captura de Nicolás Maduro.
Existen dos posibles escenarios: uno en el que Irán prolonga el conflicto hasta octubre, generando inflación y afectando la reelección de Donald Trump en noviembre; y otro en el que Israel y Estados Unidos intensifiquen sus ataques, empleando armas más poderosas para neutralizar completamente las reservas de misiles y drones iraníes.
Este último escenario supone que la inteligencia israelí, Mossad, haya identificado todos los depósitos en un extenso territorio, estrategia que se complejiza ante el movimiento de estas bases tras ataques previos.
La situación sigue en desarrollo y sus consecuencias podrían impactar a nivel global, especialmente en los mercados energéticos y en la estabilidad económica mundial.
Información basada en reportes publicados por El Pitazo.

