En Venezuela, la oposición ha sido moldeada por el oficialismo para servir a sus propios intereses, como lo admitieron Nicolás Maduro y Jorge Rodríguez en 2025. Esta oposición, lejos de enfrentarse al fraude electoral del 28 de julio, aceptó rápidamente los resultados dados por el CNE, disfrazándose de defensores de la democracia.
Mientras activistas y ciudadanos que defendían el 28J debían autocensurarse en sus redes sociales, estos grupos opositores actuaron con total libertad, siguiendo la línea marcada desde el poder. Tras sufrir derrotas con abstenciones cercanas al 80%, la participación activa de estos actores se limitó solo a periodos electorales.
Después del 3 de enero de 2026, en una etapa de transición indefinida y sin elecciones locales previstas en al menos veinte meses, la oposición retomó actividades públicas. Graban videos, organizan reuniones comunitarias y buscan fortalecer estructuras partidistas debilitadas, mientras defienden presos políticos como una tendencia entre oportunistas.
Ante esta situación, se percibe una clara ambición por recuperar cargos y espacios de poder más que un compromiso real con la población. Esta estrategia política resulta poco inteligente y evidente para un pueblo que no acepta maniobras adelantadas que serán anuladas, según advierte el analista Fernando Pinilla: “de verdad deben escuchar consejo y dejar de hacer el ridículo”.
Información basada en reportes publicados por El Nacional.

