En febrero de 1924, la noticia de que la Compañía Venezolana de Petróleo (CVP) negociaba con el grupo alemán Stinnes para venderle un 25% de la empresa y explotar 200.000 hectáreas de reservas nacionales causó alarma en Washington. Esta no era una simple transacción comercial, sino una jugada política del dictador Juan Vicente Gómez para demostrar que tenía opciones frente a Estados Unidos, que dominaba la región.
Gómez creó en 1923 la CVP, una empresa privada bajo su control real, diseñada para centralizar la propiedad del petróleo y usarla como herramienta de poder político y financiero. Así, cualquier interesado en explotar petróleo venezolano debía negociar con la estructura gomecista.
Los empresarios estadounidenses desconfiaban de la estabilidad jurídica bajo un régimen personalista como el de Gómez. La propuesta de que el grupo alemán Stinnes entrara como socio estratégico, con acceso preferencial a tierras federales, fue vista como una amenaza directa a los intereses estadounidenses en el Caribe petrolero.
El 26 de marzo de 1924, el Departamento de Estado de EE.UU. expresó su preocupación por cualquier acción que excluyera a sus compañías de competir en igualdad. Aunque la Cancillería venezolana negó intenciones perjudiciales y Gómez aseguró que no permitiría ventaja para otros sobre EE.UU., la advertencia ya había hecho efecto: Estados Unidos dejó de ser el único interlocutor y se convirtió en un competidor potencial.
Esta presión llevó a que la Standard Oil de Nueva Jersey y otras empresas estadounidenses reconsideraran su postura y adquirieran concesiones, a pesar de dudas legales, para no perder terreno frente a un posible capital europeo.
El gobierno venezolano estableció plazos muy cortos para ofertar por reservas nacionales, favoreciendo a la CVP. Así, las concesiones permanecieron concentradas en el círculo cercano a Gómez.
En 1926, para avanzar en negociaciones internacionales, Gómez designó al Dr. José Gil-Fortoul como su enviado plenipotenciario, con poderes amplios para cerrar acuerdos con socios extranjeros. Esto llevó a un acuerdo firmado en París en 1927, consolidando la estrategia de Gómez de usar la propiedad petrolera para influir en el escenario internacional.
Esta jugada no solo evitó la exclusión estadounidense sino que fortaleció la posición de Venezuela como actor con autonomía en su riqueza petrolera.
Información basada en reportes publicados por El Nacional.

